miércoles, septiembre 21, 2005

Hay algo intemporal detrás del eje izquierda-derecha

Las etiquetas izquierda-derecha se convierten en caricaturas grotescas cuando sirven a lealtades en lugar de al pensamiento. La lealtad a una etiqueta es cómoda para los perezosos mentales, para los que es suficiente con aplaudir acríticamente las ideas de un determinado partido y abuchear las del contrario.

Si uno hace el esfuerzo de liberarse hasta donde sea posible de ideas preconcebidas y de pensar por sí mismo, las etiquetas ya no se ajustan cómodamente y es fácil encontrarse compartiendo ideas unas veces con un partido, otras con otro, y las más de las veces con ninguno. Sin embargo en el transcurso de la reflexión política no se puede evitar tomar partido por un viejo dilema, tan viejo al menos como el SPQR y el Concilium Plebis. En su versión moderna, los de un extremo afirman que la mejor y más efectiva de ayuda es ayudarse a uno mismo. En otro extremo por el contrario, confían en la sociedad como el apoyo imprescindible para hacer la vida mejor para todos. El común de los mortales, sobre todo si tiene los pies en el suelo y el corazón no demasiado duro, encontrará su sitio en algún lugar intermedio entre estos dos extremos.

Dejaré que sea Peter H. Lindert quien se exprese mejor que yo con las primeras palabras de su excelente libro "Growing Public"

“Durante los próximos cien años, habrá olas de intenso debate sobre la utilización de impuestos para programas sociales. Los defensores clasificarán tales programas como inversiones de alto rendimiento que benefician a la mayor parte de la sociedad y gravan sólo a aquellos que se pueden permitir una reducción de su participación en los ingresos y la riqueza. Los oponentes desacreditarán estas iniciativas doblemente sofocantes que invitan tanto a los gravados como a los subsidiados a ser menos productivos. Ambos lados invertirán en estudios que demuestren que tienen razón.

En cualquier debate sobre la asistencia pública, o lo que los americanos llaman welfare, estamos atrapados en un triángulo en los que cada vértice representa un objetivo social: ayudar a la gente de una determinada condición, darles un incentivo para evitar esa condición y limitar el crecimiento del presupuesto. Cualquier movimiento dentro de ese triángulo debe separarse de al menos uno de los vértices, de uno de los objetivos. Ningún nuevo hallazgo puede alterar esta realidad.”

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