viernes, octubre 07, 2005

Somos egoístas

¿Quién nos iba a decir, tras las celebraciones de Berlin en 1989, que los muros que impedían que los ciudadanos escapasen del paraíso de los trabajadores se trasladarían a la puerta de nuestra casa para impedir la entrada a otros seres humanos como nosotros?

En aquellos tiempos felices anteriores de guerra fría y miedo nuclear, la posibilidad para cualquier persona de salir de un país en el que no podría vivir dignamente y en libertad y ser recibido por "el mundo libre" parecía algo natural, un puro ejercicio de libertad. No entendíamos que los países comunistas podían tener parte de razón en sus argumentos pragmáticos con los que se excusaban para impedir la emigración. Básicamente su sociedad había invertido demasiados recursos en la educación de sus ciudadanos para que luego permitiesen su marcha a un país capitalista para ganar dinero gracias a esa educación. En el fondo lo que estaba en juego era la misma supervivencia de su sistema.

Hoy que somos nosotros los que erigimos muros y ponemos policías y soldados en las fronteras, nuestros argumentos no son menos pragmáticos y egoístas y el motivo fundamental es el miedo a que no sobreviva nuestra sociedad tal y como la conocemos.

La incertidumbre lleva al miedo, y son muchas las incógnitas sobre las consecuencias que podría tener la apertura de fronteras. Se me ocurren varios escenarios plausibles, desde los más apocalípticos, pasando por varias escalas de pesimismo con importantes consecuencias económicas y sociales, hasta otros escenarios en los que la inmigración sin barreras sea perfectamente asumible. Ni tenemos bola de cristal, ni somos psicohistoriadores, así que no podemos conocer las consecuencias.

Mi impresión es pesimista. No hay una buena integración y nos hemos enterado de que existían algunas ollas a presión, como El Ejido o el madrileño barrio de Villaverde, cuando han estallado. Incluso con la inmigración limitada de hoy, son mayoría los españoles que opinan que ya hay demasiados inmigrantes.

Desde un punto de vista utilitario no hay excusa. La potencial ganancia de bienestar de los inmigrantes que entran es mucho mayor que nuestra posible pérdida, así que hay que reconocer que somos egoístas. Preferimos no poner en peligro nuestra prosperidad, la cohesión social y nuestra cultura y costumbres antes que dar una oportunidad a aquellos que sacarían un gran rentabilidad humana de ella.

Nuestros motivos son pragmáticos y egoístas, como las de aquellos regímenes comunistas (incluidos los ciudadanos que creían en el sistema). Cada vez comprendo mejor sus razones porque nosotros también tenemos las nuestras.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Coincido al 100% con tu relfexión, pero ¿como hacemos para que el sistema no se colapse?. Los servicios sociales del sur de nuestro país estan desbordados.

6:59 p. m.  
Blogger gulliver said...

No estoy de acuerdo con los comentarios agoreros sobre la situación actual. Con respecto a los servicios sociales se pueden hacer dos cosas, o darles más recursos o dar menos atención social a los inmigrantes, pero eso no quiere decir que el sistema en su conjunto esté al borde del colapso. Tampoco creo que con los niveles actuales de inmigración vaya a producirse una crisis social y política en Europa. Me parece exagerado.

El problema, y para eso no tengo respuestas, sería que pasaría si se abriesen las fronteras y la inmigrantes entrasen libremente. No voy a negar que eso sí podría producir una crisis o un colapaso, pero tampoco voy a negar categóricamente lo contrario.

10:00 a. m.  

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